Hundió los dedos de las manos y pies lo mas que pudo en la arena húmeda, sentada hecho su cabeza para atrás con los ojos cerrados, sintió cómo el sol iba humedeciendo su frente cuellos y una gota se dejo deslizar por el contorno de su rostro, respiró profundo y exhaló, movió su cabeza de lado a lado y aisló el ruido externo para concentrarse el en el sonido del mar...
Se alejo, alejo tanto que no distinguió cuanto avanzó por el borde, de vez en cuando corrió para esquivar una pequeña ola; era un juego entre ella y nadie más, un juego en que le encantaba perder: Mojarse los pies.
Mas tarde cambiaría la brisa, por el crujir de las tablas de su cabaña al otro lado del valle, un valle no muy conocido, pero lo bastante conocido para ella y los pobladores... el olor y sonido del quemar las leñas le fascinaba, sonreía cuando explota alguna astilla, y miraba el encender del fuego y el rojo del carbón le recordaba cuánto había amado cuando joven, ya de eso al igual que las cenizas... no quedaba nada, mas que un vestigio de sus sentimientos carcomidos por el olvido y la soledad.
Le gustaba recorrer el valle a pie; subir algunas veces a lo alto y mirar el horizonte mirar aquel sol que atardecer tras atardecer la llenaba de melancolía y un poco de tristeza, una tristeza que sólo se atrevía a compartir con las aves que rara vez se posaban junto a ella. Otras veces montaba su bicicleta y a toda velocidad bajaba el valle, sentir el viento tocar su cara, su pelo agitarse y ser libre, su mayor sensación!
Preparaba los alimentos que ella misma cultivaba, el pan cada día lo horneaba en su pequeño horno de barro, no necesitaba más, el resto sobraba.
Sus ropas algo viejas desgastadas por el lavado a mano y con agua de río, tenían un aroma muy particular, su aroma le acompañaba por años y sus animales le reconocían al acercarse.
Le gustaba alimentarlos y dar vida a las vidas, con el sólo propósito de vivir.
Durante sus noches se sentada en la orilla de la puerta y miraba el cielo oscuro, decorado por las estrellas y otras tantas alumbrado por la luna, su favorita, poco sabía de estrellas, sólo reconocía la Cruz del Sur, que alguna vez en colegio le enseñaron...ahora se arrepentía de no haber puesto mas atención cuando sólo era una niña y dedicaba las horas de la sala a perderse por una pequeña rendija que dejaba ver el otro lado del encierro…
Cuando ya empezaba a caer el sereno, se abrigaba y decidía que ya era hora de dormir, a veces con frío se quedaba afuera por momentos, le gustaba el olor de la noche acompañada del cantar de los grillos, y el mover de algunas ramas de los arboles cercanos a su cabaña.
Una noche como tantas otras, decidió pasar la velada a la bajo el cielo estrellado; recordó tiempos pretéritos e hizo una mueca con la boca…la pena y la tristeza se apoderaron de su rostro sin poder evitarlo , aquella tristeza que era como un dolor permanente en su pecho, había respirado mil veces el dolor, y aún así no se acostumbraba, pareciese que le gustaba sentirlo, trascender al dolor pensaba.. No, no se iba...
Hundió los dedos de las manos y pies lo mas que pudo en la arena...abrió los ojos de manera abrupta pero placentera... una ola alcanzaba sus dedos refrescando su ser...